El número de años en la era bc

[Hearthstone] ¿Cómo está el tema para ser F2P? Mi experiencia

2018.09.23 17:51 Frizork [Hearthstone] ¿Cómo está el tema para ser F2P? Mi experiencia

[Hearthstone] ¿Cómo está el tema para ser F2P? Mi experiencia
A principios de año se me ocurrió empezar la cuenta de cero en el servidor de Asia. Lo hice para empezar con los vídeos para principiantes de mi serie Hearthstone Dojo. No jugué allí casi nada, empecé la cuenta, cogí todas las recompensas gratuítas, me grabé jugando varias partidas para los vídeos y quedó abandonada.

Pues bien, a principios de este mes se me ocurrió retomar esta cuenta. Empecé a hacer las cosas tal y cómo yo mismo recomendaba hacerlas en mis vídeos del Hearthstone Dojo. Sin meter dinero ni jugar demasiado, tuve un tiempo de juego más o menos similar al que tendría cualquier jugador que empiece en el juego (haciendo todas las misiones diarias, todas las tabernas, y echando algún tiempo más jugando ranked) pero usando ese tiempo de la forma más eficiente que pude. Ahora que prácticamente ha pasado un mes, me parece buen momento para abrir este post y mostrarle a aquellos que estén empezando qué pueden conseguir de forma muy factible (porque repito, ni he jugado una cantidad de horas muy grande, ni soy un jugador extraordinariamente bueno) si hacen las cosas bien.

¿Qué tal está mi cuenta en Asia en cuanto a Rango?


https://preview.redd.it/5d0s8qg090o11.png?width=372&format=png&auto=webp&s=68c20585d324f1e801517ab82e271ce79f327b0f

Empecé el mes en Rango 25. Ahora mismo estoy en Rango 14. Uno de mis objetivos era conseguir el Rango 15 este mes. Para alguien que tiene la escasa colección de un principiante, supone MUCHA diferencia obtener una rara dorada a final de mes o no obtenerla. Creo que si hubiera jugado más tiempo podría subir más rangos, porque con mi Deck principal de Hunter estaba teniendo un WR muy positivo, y aunque pierdo casi siempre contra Druid, lo veo bueno en general contra los enemigos que me estuve encontrando. Como se puede ver en el pantallazo no tengo mi clase principal con un gran número de victorias, tras todo el mes habré conseguido las mismas que algunos jugadores profesionales consiguen en un día.


¿Qué tal está mi cuenta en Asia en cuanto a colección?


Este es el tema más importante para un principiante, ir consiguiendo una colección con cuantas más cartas competitivas mejor. En mi caso mi evolución ha sido enorme este mes. Tengo dos decks:

SECRET HUNTER

AAECAR8EhwTFCJ3MAobTAg2oArUDyQTrB5cI2wn+DI7DAtfNAt3SAt/SAuPSAovlAgA=

Este es mi deck principal. No es de creación propia. La vi en este tweet de blisterguy (se puede ver en él que llegó a Legend usando esa misma lista). Empecé el mes jugándola sin el Rexxar DK hasta que conseguí reunir los polvos para hacérmelo (hasta ahora, la única legendaria que me hice). Es un deck bastante potente, responde bien contra muchos metadecks, aunque contra Druid me ha ido mal. Lo recomiendo para cualquiera que esté en una situación parecida. Si hubiera jugado más, podría tener un rango mejor.

TEMPO MAGE

AAECAf0EBnHuAvIFlgaKB6LTAgy7ApUDqwS0BOYElgXsBcHBAo/TAvvsApX/Arn/AgA=


Este es mi segundo proyecto de deck. Intenta ser una Tempo Mage para la que todavía no tengo Primordial Glyph (ni los polvos necesarios para hacerlos). Este sí es de creación propia y estoy muy contento con cómo se comporta cuando lo alterno con mi deck principal de Hunter.

Mi siguiente proyecto va a ser una Zoo sin ninguna legendaria. Quiero aprovechar que no llevará Keleseth para meter 2x Vulgar Homunculus y 1x Demonfire. Me faltan todavía muchas cartas, pero poco a poco.

https://preview.redd.it/bkjxqfswa0o11.png?width=197&format=png&auto=webp&s=b741d3f297d1b307d064acda4d0654796d0289a9

A mayores de eso, tengo unas pocas épicas:
1x Spellbender
1x Twisting Nether
1x Town Crier
1x Dead Man's Hand
1x Supercollider
1x Nightmare Amalgam

Y sobre legendarias tengo todas estas aprovechándome de la legendaria asegurada en los primeros 10 sobres de cada expansión. Todas ellas me han tocado salvo Rexxar DK, que me la hice gastando polvos:


https://preview.redd.it/or2hkev9b0o11.jpg?width=930&format=pjpg&auto=webp&s=e4de3a5e496a7bff66491eacb313880103c9f120

Podría romper varias de ellas para hacerme nuevas cartas, porque no son buenas competitivamente (Lady in White, Toki, Luna's Pocket Galaxy, Sherazin, Milhouse) pero intento ser muy prudente a la hora de romper legendarias. El meta podría cambiar y podría necesitar una cantidad de polvos considerable para hacerme nuevas cartas con las que jugar, con lo que quiero tener recursos, de momento con mis dos decks me va muy bien y no tengo que tener prisa. Cuando rompes cartas para hacerte otras, tu colección en global pierde valor a cambio de que las cartas que contiene sean mejores competitivamente. No quiero sacrificar el valor de mi colección a la ligera porque seguramente lo necesite más adelante para no quedarme fuera del metajuego competitivo.


Aclaraciones


Considero que he sido muy afortunado en dos cuestiones:

-Primero, las legendarias que he abierto son, en general, de gran calidad. Creo que en eso estuve muy por encima de la media. Además he abierto casi al principio de todo una legendaria dorada que pude romper para hacerme cartas comunes y raras de mi deck principal (si no hubiera tenido esa suerte hubiera tenido que romper las legendarias malas que tengo para hacerme esas cartas y poder jugar).

-Segundo, en el momento. Eventos como este de Los Días del Trono Helado en los que regalan varios sobres juntos, al mismo tiempo que cuando abrí esta cuenta antes de dejarla abandonada pude conseguir la legendaria gratis de Marin The Fox.

Además, como ya he agotado mi legendaria asegurada en los primeros 10 sobres de cada expansión, en el siguiente mes mi crecimiento de colección va a ser más lento, pero a la vez, el hecho de tener varios decks con los que puedo jugar, puedo intentar llegar a un rango que me de una buena recompensa a final de mes, para compensar eso.


Conclusiones



No creo que sea un mal momento para empezar el juego siendo F2P. Hay varias posibilidades de barajas para principiantes que no necesitan de muchas cartas legendarias ni épìcas, y que por lo tanto es muy factible que al poco de empezar las podamos hacer.

Los cambios que van a llegar al juego próximamente para los jugadores principiantes van a mejorar la situación todavía más. Va a ser más complicado que al empezar podamos encontrarnos con jugadores muy experimentados con una gran colección en partidas muy desiguales. Si alguien está pensando si debe empezar a jugar o no, yo lo animo a hacerlo cuando esos cambios entren en vigor.

Lo que sí es muy importante es empezar a informarse bien, gastar los polvos arcanos con mucha cabeza, siguiendo los consejos de alguien experimentado. Conocer todas las ventajas y todas las cartas gratis que se pueden conseguir siendo principiante. Hacer las cosas de forma eficiente al principio puede hacer que nuestra cuenta vaya mucho más rápido en crecimiento.
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2016.01.31 11:21 anticuariodelfuturo La alimentación de 7000 millones de personas es dramática y peligrosamente dependiente de unos combustibles fósiles finitos. (El artículo es largo, pero no tiene desperdicio)

USO DE LA ENERGÍA EN EL SISTEMA AGRO-ALIMENTARIO DE LOS ESTADOS UNIDOS Y EN EL MUNDO: IMPLICACIONES PARA UNA AGRICULTURA SOSTENIBLE
Autor: Shirin Fatemeh. Este artículo fue publicado en 2010 por Culture Change. Aquí puede verse el Artículo original en inglés.
Durante el siglo veinte, el acceso a abundantes y baratas fuentes de energía ayudó a transformar el mundo de incontables maneras. La extracción de combustibles fósiles dio paso a una inmensa expansión del crecimiento económico y de la producción agrícola, y fue uno de los fundamentos de un aumento que multiplicó por seis la población humana. El petróleo, el combustible fósil más apreciado, tuvo el papel estelar en esta transformación.
Debido a su versatilidad y a su forma líquida, el petróleo es hoy el principal combustible para transporte en el mundo (Heinberg 1) y la fuente de energía más empleada (Brown 27). Hace menos de 200 años, sin embargo, toda la energía en forma de alimentos sobre la tierra provenía del Sol a través de la fotosíntesis (Pimentel, Pimentel & Karpenstein-Machan 3) y casi todo trabajo era realizado a base de fuerza muscular humana o animal (Heinberg 2). Prácticamente toda nuestra energía, hoy en día, se obtiene de recursos no-renovables cuyas existencias están siendo agotadas a un ritmo en aceleración continua.
Los beneficios que obtenemos del petróleo son tan numerosos y tan convenientes que hemos construido nuestro entero modo de vida alrededor de su utilización. Ahora estamos entrando en un período de declive en los suministros que amenaza, no sólo a la seguridad alimentaria para un número creciente de población globalmente, sino también a muchos aspectos de la estabilidad política y económica –un fenómeno nuevo para un mundo que se había acostumbrado a un crecimiento del abastecimiento de petróleo a precios relativamente estables. A menos que comencemos rápidamente a alejarnos de la dependencia de los combustibles fósiles hacía un régimen energético diferente y hacia un cambio radical en el modo de vida y en la sociedad, la transición hacia un mundo post-petróleo podía ser devastadora para los americanos y el resto del mundo. La alimentación, básica para la vida, estará en el primer plano de estas perturbaciones.
La agricultura es uno de los rasgos de la vida moderna que han sido drásticamente alterados con la disponibilidad de abundante crudo barato. El sistema agro-alimentario americano, y la mayoría de todos los de otras sociedades, son casi absolutamente dependientes de la energía de los combustibles fósiles para todo, desde la producción de los alimentos, a su transporte y hasta su almacenamiento y preparación final. La estructura de la agricultura industrializada bajo el sistema capitalista, apoyada y promovida por las políticas gubernamentales, incluyendo la de los Estados Unidos, ha estimulado la expansión de la especialización de las explotaciones, las cuales se han reducido en número, los monocultivos, la deslocalización de la producción agrícola, y la adopción de métodos de explotación industrial (Altieri 78-9).
Las innovaciones tecnológicas de la revolución verde redujeron drásticamente el factor de tiempo de mano de obra en el trabajo del campo y aumentaron grandemente los rendimientos agrícolas. Gracias a la mecanización moderna, el factor de tiempo de mano de obra necesario para hacer crecer una hectárea de maíz es 110 veces menor que el requerido por el cultivo tradicional manual (Pimentel 464). Desde 1950 la cosecha de grano mundial ha crecido más de tres veces. Este crecimiento en la productividad, ha resultado en la multiplicación por diez del uso de fertilizantes, cerca del triple de aumento de la irrigación de tierras, y el desarrollo de variedades de cultivo de alto rendimiento (Brown 36-7). Como compensación de los beneficios de la agricultura moderna industrializada, están las enormes cantidades de energía fósil necesaria para mover la maquinaria de granja y para producir los indispensables fertilizantes y pesticidas. A pesar de los aumentos en la producción, el cambió a la agricultura industrializada ha dejado a su estela una legión de problemas sociales y ecológicos.
El crecimiento en la producción global de alimentos, que ocurre a expensas de la producción local tradicional, es sólo posible mientras los suministros de energía barata puedan permitir el transporte de estos bienes a través de largas distancias. El precio de los comestibles se elevará inevitablemente a medida que el petróleo se haga más caro y haga subir el coste de la producción y el transporte. Esto afectará de forma desproporcionadamente desigual a los pobres del mundo, especialmente a aquellos que dependen de asistencia alimentaria y del grano barato de Norteamérica. Sólo dando pasos hacia la creación de un sistema alimentario sostenible de un tipo radicalmente nuevo, podemos esperar en atenuar la crisis que asoma en los sistemas agroalimentarios en este país y en el resto del mundo. Como Patricia Allen argumenta, cualquier esfuerzo para crear un sistema alimentario verdaderamente sostenible debe tener en cuenta tanto las relaciones de los individuos entre sí como las que tienen con su entorno, el cual han moldeado e influenciado de muchas maneras diferentes (1).
La dependencia de la agricultura de los combustibles fósiles es un problema creado por las personas. Se necesitarán, no sólo soluciones científicas y ecológicas, sino cambios estructurales e institucionales profundos, además de transformaciones en el modo de vida por parte de individuos, sus gobiernos y sociedades para hacer la transición a un sistema alimentario más sostenible, no basado en el petróleo, el cual nos será inexorablemente impuesto por el agotamiento del petróleo. Antes de entrar a considerar las implicaciones del agotamiento progresivo del petróleo y del aumento de su precio para el sistema agro-alimentario y para la supervivencia humana, conviene una observación más cercana del papel dominante que el petróleo juega en el sistema agro-alimentario.
El petróleo es un recurso natural finito cuya tasa global de producción llegará en algún momento a su máximo y empezará inevitablemente a declinar. De acuerdo a Colin Campbell, geólogo del petróleo, el máximo de la producción de petróleo se alcanza, aproximadamente, cuando la mitad del total del recurso ha sido extraída. Richard Hein-berg hace notar que el concepto básico de Cenit del Petróleo (Peak Oil), se deriva de observaciones, durante los pasados 150 años, de todos los campos de petróleo antiguos que han llegado a su cenit de producción y después declinaron en su productividad (12). De hecho, Estados Unidos, que fue en su día el primer productor de petróleo del mundo, alcanzo su máximo de extracción de petróleo en 1970, y desde entonces ha experimentado producciones cada vez menores (Heinberg 12). En la actualidad, el 90% de los depósitos de Estados Unidos han sido ya extraídos y el país, un día exportador neto de crudo, ahora importa más del 65% de su petróleo (Pimentel 459). En todo el mundo, los descubrimientos de nuevos depósitos de crudo tuvieron su máximo en los 1960s y desde 1981 la cantidad del petróleo extraído ha sobrepasado a la cantidad del que se ha descubierto por un margen cada vez mayor (Campbell). De acuerdo al gigante petrolero Chevron Texaco, 33 de los 48 mayores países productores están ya experimentando una producción en declive (Heinberg 13). No obstante, hay incertidumbre sobre cuando exactamente alcanzará su máximo la producción global de petróleo. Algunos expertos creen que ya hemos llegado al cenit, pero casi todos están de acuerdo en que ocurrirá en algún momento durante la primera mitad de este siglo.
Aunque existen otras fuentes de energía, tales como la nuclear, el carbón, la eólica, ninguna de éstas puede producir combustibles líquidos. Algunos han saludado el etanol proveniente de cultivos como un sustituto para el petróleo, pero las desventajas de la producción de etanol pesan bastante más que sus potenciales beneficios. En 2007, 1/5 de toda la cosecha de grano de EEUU fue transformada en etanol, pero los 8.300 millones de galones de etanol producidos ese año sólo pudieron suministrar menos del 4% del combustible nacional de automoción (Brown 39). Es más, se requiere un 65% más de energía producir 1.000 litros de etanol, que la energía que entregan esos mismos 1.000 litros. Por tanto, la producción de etanol tiene un balance energético negativo (Pimentel et al. 15-6). Del hecho de que se destine una gran parte de la cosecha de grano de Estados Unidos a la producción de etanol, se derivan serías consecuencias para los pobres del mundo. Globalmente, los precios del grano se han incrementado enormemente, el precio del trigo ha aumentado más del doble, disparando disturbios en varios países en todo el mundo ese mismo año (Brown 40). La producción de etanol en su forma actual, presenta una pérdida neta de energía debido a que está poniendo el precio del trigo fuera del alcance de los más pobres del mundo.
En 2002, el sistema alimentario de Estados Unidos se llevó el consumo del 17% del uso total de combustibles fósiles del país (Eshel & Martín 2). La disponibilidad de unos recursos, aparentemente, inagotables, ha conducido a una situación harto insostenible en la que “el sistema alimentario de los Estados Unidos consume diez veces mas energía de la que tienen los alimentos que produce” (Pfeiffer 4). Mucha de la grave dependencia que tiene el sistema alimentario de los combustibles fósiles se deriva de la estructura capitalista bajo la que opera. Las políticas del Gobierno de Estados Unidos han alentado, además, la expansión de grandes explotaciones industriales y la especialización de éstas, a base de subsidiar la sobreproducción y la exportación a los mercados internacionales. Aunque los poseedores de las grandes explotaciones especializadas se benefician de la aplicación de las economías de escala, tienen que incrementar, por el contrario, el empleo de insumos sintetizados químicamente y el de maquinaria agrícola movida con petróleo, creando una severa dependencia de los combustibles fósiles.
El uso de fertilizantes sintéticos da cuenta del 20 % del uso de energía en las explotaciones estadounidenses (Brown 34), y 450.000 toneladas de pesticidas se utilizan anualmente en las granjas de toda la nación (Pimentel 464). El dramático incremento de la urbanización en el último siglo, junto con una sustitución de los sistemas de explotación mixtos en favor de la concentración de las operaciones de alimentación animal (CAFOs), ha despojado a los suelos cultivables de las explotaciones de las fuentes naturales de fertilizante, y ha resultado en la expansión masiva del uso de fertilizantes comerciales (Pimentel 464). El sistema capitalista alienta la insana dependencia del sistema alimentario de los combustibles fósiles, ya que mientras el petróleo sea abundante y barato, pueden obtenerse grandes beneficios a base de garantizar que toda la estructura no pueda sostenerse de otro modo.
La explotación agropecuaria en si misma, es el segmento menos rentable y menos intensivo en uso de energía en toda la parte de la economía que se relaciona con la producción de alimentos. De los aproximadamente 2.000 litros de petróleo por año que son necesarios para alimentar a cada estadounidense (Pimentel 459), tan sólo 1/5 de esa energía se usa en realidad para la agricultura; el resto va al transporte, el procesado, el empaquetado, la comercialización, y el almacenamiento y preparación de los alimentos (Brown 35). La transformación de los productos de la granja en bienes para los consumidores, junto con el suministro de los insumos para las explotaciones, son los negocios más lucrativos en el sistema alimentario americano, y no sorprende que estén dominados por grandes empresas del ramo. Las explotaciones que operan bajo el sistema capitalista deben vender sus productos en el mercado libre, lo que normalmente significa vendérselos a las grandes multinacionales que dominan los mercados. De forma similar, hay un puñado de grandes compañías que producen los insumos dependientes del combustible fósil que se compran para las granjas estadounidenses.
Hoy en día, los trabajos de la agricultura sólo suman el 10% de todo el coste final de los alimentos, mientras que el 25% se va en los diferentes insumos (fertilizantes, pesticidas, etc…), y el 65% se emplea en el transporte, el procesado y la comercialización (Lewontin 95). Cien años atrás, el valor de la fase de la producción en la granja estaba cerca del 40% del coste final total de los alimentos y la mayoría de los insumos eran producidos por los propios granjeros usando la energía de animales de tiro, almacenando las semillas, y usando el estiércol animal como fertilizante (Le-wontin 95).
El dramático aumento de los monocultivos y la escala cada vez más globalizada de la producción agropecuaria han destruido, esencialmente, la infraestructura antigua, más localizada, de Estados Unidos. Por ejemplo, en 1870 casi todas las manzanas consumi-das en Iowa se producían localmente, pero a la vuelta de algo más de un siglo, ese número había caído hasta el 15% (Pfeiffer 25). Hoy, en los EEUU menos del 5% de los alimentos son producidos localmente (Pfeiffer 68), de manera que nuestros alimentos viajan una media de 2.500 kilómetros antes de llegar a nuestra mesa (Pimentel 467). El transporte de alimentos, desde la granja al plato, constituye el 14% de la energía empleada en todo el sistema alimentario (Brown 35). Transportar una lechuga desde California hasta Nueva York en camión refrigerado requiere 4.140 kilocalorías de com-bustible por pieza de lechuga, mientras que, en realidad, para hacer crecer esa lechuga se consumen 750 Kcal de energía fósil (Pimentel 467-8).
Dado que el 90% del transporte mundial es movido por productos petrolíferos (Heinberg 4), el declive en el suministro, seguramente, dificultará mucho el trasporte de la producción internacionalmente, incluso dentro de Estados Unidos. La importación de productos frescos del hemisferio sur será, probablemente, una de las primeras víctimas de la carestía del combustible. Finalmente, los costes más altos del transporte se reflejarán en el precio de los bienes, colocando a la mayoría de los artículos de los que disfrutamos en la actualidad fuera del alcance de la mayoría de la gente. Superficialmente, puede parecer que está garantizada la seguridad alimentaria en Estados Unidos, pero una interrupción en el transporte conduciría a graves desabastecimientos locales de alimentos y otros bienes.
La producción de petróleo declinará inevitablemente y en algún momento se parará cuando todos los depósitos de petróleo accesible hayan sido explotados. A medida que esta tendencia se intensifique, la agricultura industrial en su forma actual se trocará en imposible. Desde 2005 la producción mundial de fertilizantes ha declinado un 23% por causa de carestías de combustible y de los altos precios (Pimentel et al. 12). Esta tendencia descendente continuará, probablemente, a medida que aumenten los costes reales de producción del oro negro. Tristemente, una gran parte del suelo cultivable del mundo ha sido tan degradado por el uso de fertilizantes químicos y pesticidas que sin el uso continuado de estos insumos sintéticos, la tierra no puede producir rendimientos lo suficientemente grandes para alimentar a la población mundial (Heinberg 5). Un estudio ha mostrado que el Estados Unidos, el suelo cultivable está perdiéndose a un ritmo diez veces más rápido de lo que, de forma natural, puede reemplazarse (Hough).
La irrigación alimentada con combustible fósil está llevando a una escasez de agua a medida que los países sobreexplotan sus acuíferos subterráneos hasta el punto del agotamiento. La irrigación da cuenta actualmente del 70% de toda el agua que se usa, y emplea el 19% del uso energético de las todas las explotaciones agropecuarias en los Estados Unidos (Brown 69). Una vez que las fuentes de aguas subterráneas lleguen a un estado avanzado de agotamiento, la cantidad de tierra disponible para el cultivo disminuirá sustancialmente.
Otro factor limitador de la producción agrícola una vez pasado el cenit del petróleo es el crecimiento de la población. Durante la década pasada la disponibilidad de tierra cultivable per cápita ha caído un 20% en todo el mundo (Pimentel 461), y aún son añadidos 78 millones de personas cada año al planeta. Resultará cada vez más difícil dar de comer al mundo con los recursos de suelo fértil y de agua disponible en disminución.
Irónicamente, mientras que 862 millones de personas en el mundo sufren hambre y malnutrición, otros 1.600 millones, aproximadamente, adolecen de una ingesta excesiva de calorías (Brown 107). En los Estados Unidos, son usualmente los más marginados entre nosotros, los pobres y los grupos minoritarios, quienes experimentan la obesidad y una falta de alimento nutritivo en sus dietas. La comercialización de alimento procesado, que alcanza entre el 82% y el 92% de las ventas es algo completamente subsidiado por los combustibles fósiles. Al explotar la disponibilidad de la energía barata, la industria agro-alimentaria ha creado una situación en la que el alimento más procesado y más intensivo en uso de energía, es también el más barato.
El americano medio consume una dieta de 3.747 Kcal al día, lo cual excede mucho de las recomendaciones de la FDA de ingesta diaria de entre 2000 a 2500 Kcal al día (Pimentel 459). Simplemente, reduciendo su ingesta de calorías y consumiendo menos comida procesada, los americanos podrían reducir mucho la energía de combustibles fósiles utilizada en la producción de alimentos. Por supuesto, para ser capaces de empezar a comer más sanamente, todos deben tener acceso a alimentos nutritivos, lo que, no es el caso en el sistema agro-alimentario actual. Otros ahorros potenciales de energía podrían venir de un cambio hacia dietas que sean más bajas en carne y en consumo diario, y más basadas en los productos de temporada. En la actualidad, un tercio de las calorías de una típica dieta americana tienen un origen animal (Pfeiffer 22). Sin embargo, una dieta estrictamente vegetariana o una ingesta equivalente de calorías, consume un 33% menos de energía de combustibles fósiles (Pimentel 459). Estos son sólo unos pocos de los simples cambios de estilo de vida que los americanos podrán adoptar para reducir el consumo de combustibles fósiles.
En pequeñas granjas a lo largo del país, se están llevando a cabo técnicas agrícolas para reducir la dependencia de estos combustibles. Recordando los días de la agricultura pre-industrializada, alguna gente ha abogado por la vuelta al empleo de los animales de tiro para reemplazar a la maquinaria de granja motorizada. En un mundo después del petróleo, el músculo animal y humano podrían, muy bien, ser las formas más accesibles de mano de obra en la agricultura. Aunque un caballo puede ayudar a explotar 10 Hectáreas de tierras de labranza, ese mismo caballo necesita, en cambio, 1 hectárea entre pastizales y cultivos de heno para su mantenimiento (Pimentel 464). Es más, el terreno adicional que sería necesario cultivar para alimentar a los animales de tiro está ya siendo usado en hacer crecer alimentos para los humanos. Esta tierra de cultivo necesaria para los animales provendrá la que ahora está reservada para las personas.
No obstante, un creciente número de granjeros en todo el país están optando por la adopción de técnicas agrícolas orgánicas. En el sistema de granjas orgánicas, la necesidad de fertilizantes sintéticos y pesticidas es reemplazada por el uso de la rotación de cultivos y de las cosechas de leguminosas de cobertura que, de forma natural, reponen los nutrientes del suelo. La aplicación del compost y el estiércol producido en la propia granja puede sustituir la necesidad de fertilizantes sintéticos en grado considerable. Además, un cambio hacia un mínimo o ningún uso del arado en la práctica del cultivo en casi dos quintos de los campos de cultivo de EEUU ha ayudado a reducir el uso directo de combustible basado en el petróleo en granjas americanas en 3.500 millones de galones entre 1973 y 2005 (Brown 34).
Aunque el existe el conocimiento necesario para hacer una transición hacia una agricultura sostenible y localizada, la actual estructura de relaciones de poder y control de los recursos en los Estados Unidos impide el cambio general hacia una agricultura sin combustible fósil. Aquellos que se encuentran en posiciones de poder dentro del Gobierno de Estados Unidos y en el “Agribusiness” no tienen interés en alterar un sistema del que obtienen grandes beneficios. Sin embargo, sin un cambio en el status quo, las pequeñas explotaciones localizadas y sostenibles lo tendrán difícil para competir contra la sobreproducción subsidiada de las grandes empresas que llenan de sus productos nuestras tiendas de alimentación.
Lo fáctico en este asunto, es que el sistema agropecuario actual no puede ser mantenido por mucho tiempo. La disminución en la producción de petróleo y los precios en aumento llevarán, de hecho, a la bancarrota al sistema americano agro-alimentario. Sin el oro negro y todos sus beneficios no existirá la opción de hacer algo distinto que volver a un sistema de producción y consumo orgánico y local. La experiencia de Cuba con el cenit del petróleo podría, quizá, servir como modelo para una transición a la producción agrícola después del cenit. Cuba, que perdió la mayor parte de sus importaciones de petróleo y la mitad sus importaciones de alimentos con el colapso de la URSS, ahora produce casi todo su alimento orgánicamente (Pfeiffer 56). Los huertos urbanos están teniendo una importante aportación en esa producción pues proveen más del 60% de las legumbres consumidas por los cubanos (Pfeiffer 61).
El ejemplo de Cuba muestra que es posible alimentar una nación entera con agricultura orgánica, pero también evidencia las tribulaciones que supone el abandono de los combustibles fósiles. En los primeros años después del colapso de la Unión Soviética, la ingesta media de calorías de los cubanos disminuyó el 36% y el consumo de proteínas el 40%, mientras que la malnutrición creció un 15% (Pfeiffer 57). Debe hacerse notar que las políticas de Gobierno Cubano jugaron un papel crítico en asegurar que el derrumbe de la agricultura industrial no se tornara catastrófico. También ha habido un cambio de actitudes con respecto a las labores del campo entre el pueblo cubano. Los cubanos ven ahora esta actividad como un cometido importante y rentable y muchas familias han emigrado a las áreas rurales para hacerse granjeros o han creado huertos urbanos (Pfeiffer 60).
El cenit del petróleo es un fenómeno real con el potencial de poner del revés a todo nuestro mundo. La agricultura industrializada moderna se encamina hacia el desastre y a menos que comencemos inmediatamente a cambiar nuestras pautas de producción agrícola y de consumo, mucha gente sufrirá. En el nivel individual, es necesario un cambio de estilo de vida donde comencemos a consumir productos hechos localmente, dependamos menos de modos de transporte movidos por el petróleo, comamos de niveles más abajo en la cadena alimenticia, tengamos menos descendencia y reconectemos con la tierra participando en el cultivo de nuestros propios alimentos. Estructuralmente, debe haber un retorno a una producción agropecuaria a menor escala, más localizada, basada en la fotosíntesis, con técnicas adecuadas y un final a la dominación de las estructuras económicas y de poder que ponen los beneficios por encima de todo lo demás.
Un cambio cultural de base amplia será componente necesario de cualquier transición con éxito a un mundo después del petróleo. No podemos permitirnos más vivir aislados de los otros y de la naturaleza. Desde luego, la tasa de agotamiento del petróleo es una variable desconocida, y como Richard Heinberg hace notar, el intervalo de tiempo antes de que ocurra el cenit del petróleo será, probablemente, demasiado corto para la adaptación sin sufrimiento a un nuevo régimen de energía y de modo de vida (3). Sin embargo, si Estados Unidos, que es el mayor consumidor mundial de petróleo, pudiera reducir drásticamente su uso del oro negro, podríamos ser capaces de ganar tiempo para que el mundo hiciera una transición a una era post-petróleo (Brown 45). Está claro que destetarnos a nosotros mismos de nuestra adición al petróleo no será fácil, pero la alternativa será mucho peor.
Bibliografía
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